3 tips para no notar el “Síndrome posvacacional”


¿Te sientes desanimado, fatigado, con apatía, nervioso,
duermes mal o tienes dolor de cabeza?. Si a pesar de llevar unos días trabajando tienes varios de estos síntomas puedes estar sufriendo el “síndrome posvacacional”.  





Este síndrome se traduce en sensaciones como el
rechazo a volver al trabajo después de vacaciones y normalmente se achaca
a la pereza o la falta de alicientes. Los nuevos
horarios, estar de nuevo en un ambiente de control y exigencia, el estrés de la organización de colegios, actividades, etc. pueden ocasionar este malestar.












¿Cómo
te estás planteando tu la vuelta? 





La perspectiva de tener que volver al trabajo de
siempre no es igual a tener que buscar un nuevo trabajo, pero puede ser que te
encuentres también en esta situación y sea para ti más difícil. En cualquier
caso, si te cuesta arrancar la actividad, intenta ver la botella medio llena y pregúntate:





¿Qué fue lo que te llevó a dedicarte a ese trabajo, cual fue tu propósito inicial?


¿Tienes alguna ilusión en el devenir diario, hay algún
proyecto u oportunidad por la que desearías luchar?


¿Cuál es el elemento que menos te gusta de tu
trabajo y que podrías hacer para cambiarlo?










Hay algo definitivo para el buen regreso y es como lo vivamos,
nuestra actitud. En cada interacción con los demás o en cada reto diario
podemos descubrir novedades, oportunidades, sorprendernos perfeccionando
nuestra tarea, o crear algo nuevo.





El trabajo o mejor dicho nuestra forma de trabajar, las ganas de incorporarnos a una actividad, es un reflejo de la percepción
positiva o negativa que tenemos hacia nuestra vida.




No siempre tenemos un trabajo que amamos pero siempre podemos intentar realizar las tareas con amor.





1. Todo es cuestión de
perspectiva


Puedes plantearte en qué vas a poner tu atención a partir de hoy: en lo que supone  la necesidad de volver al trabajo o en lo que te disgusta del regreso al
mismo, en las ideas y actividades que puedes realizar para diseñar un futuro
diferente o en la parte monótona y aburrida que supone la repetición de cualquier tarea.


Vas a pensar en que te quedan muy lejos todavía tus vacaciones o en la escapada del próximo fin de semana.





2. Los demás sí importan.


Observa tus relaciones y cámbialas si es necesario.
Muchas veces lo que cuesta no es tanto el incorporarse al trabajo sino el rechazo que nos
produce el estar cerca de personas negativas, quejosas o poco simpáticas. No solo las enfermedades son contagiosas y por tanto, puedes estar exponiéndote a malas energías, si continuas accediendo a la relación con gente que no te gusta. Valora tus compañías, cerca de quien estás ¿de la gente que transmite sensaciones positivas y
afecto o  de aquellos que pueden alimentar tu frustración?.





3. Organiza tu tiempo
y utiliza válvulas de escape como el ejercicio.


Además de ayudarte a estar en forma es una forma de
desconectar y evadirte, ¿sabias que basta con caminar 40 minutos al día para
obtener los mismos beneficios saludables que pasar una hora  en el gimnasio?.







Solo tu tienes las riendas de tu vida y solo tu puedes perpetuar una situación o avanzar para cambiarla. No esperes a que los planetas
se alineen a tu favor para cambiar ti vida... hay escasas posibilidades
de que esto se produzca y pon de tu parte para comenzar de nuevo con ilusión.





¿Que necesitarías para motivarte en tu trabajo? ¿Que posibilidades hay de que esta última parte del año cambie a mejor? ¿De que depende? ¿Quién te podría ayudar? 










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